Maestros, alumnos y presupuesto: el delicado equilibrio educativo en México Dr. Fernando Arriaga Martínez
Cuando se realizan análisis sobre la deficiente educación en nuestro país, se da por descontado que el problema es la falta de maestros. Sin embargo, los datos muestran un panorama más complejo: en muchos casos, la relación entre docentes y alumnos no es necesariamente baja, el problema es su mala distribución. Y ese desajuste tiene implicaciones directas sobre el presupuesto educativo.
A nivel nacional, el sistema de educación básica —que incluye primaria y secundaria— atiende a más de 23 millones de estudiantes con alrededor de 1.23 millones de docentes. Esto implica una relación promedio cercana a 18-19 alumnos por maestro, una cifra que, en términos internacionales, no es particularmente elevada. ¿Qué es lo que pasa entonces?
El problema son las profundas desigualdades que existen en los diversos sectores en que está dividida la labor de la educación a nivel nacional. Mientras en zonas urbanas hay grupos saturados con más de 30 estudiantes, en regiones rurales o con baja densidad poblacional existen escuelas con muy pocos alumnos por docente. Esta dispersión es clave para entender por qué el gasto educativo en México —uno de los más altos del presupuesto público— no siempre se traduce en mejores resultados.
El caso de Tamaulipas ilustra bien esta dinámica. De acuerdo con estadísticas educativas recientes, el estado cuenta con 471,339 alumnos y 26,950 docentes en todos los niveles educativos, lo que arroja una relación promedio de 17.4 alumnos por maestro. Sin embargo, al desagregar por nivel se obtienen datos más reveladores.
En primaria, hay 188,089 alumnos y 6,909 docentes, lo que implica aproximadamente 27 alumnos por maestro. En secundaria, en cambio, existen 91,982 alumnos y 6,627 docentes, lo que reduce la proporción a cerca de 14 alumnos por maestro.
Este contraste es fundamental en nuestro estado. Mientras en primaria la carga docente es relativamente alta —cercana a los estándares internacionales—, en secundaria la relación baja considerablemente. Esto no necesariamente implica una mayor eficiencia; de hecho, responde a la estructura misma del sistema: en secundaria, los estudiantes tienen varios maestros por asignatura, lo que multiplica el número de docentes por alumno.
Es aquí donde surge el problema presupuestal.
El gasto educativo en México está altamente concentrado en servicios personales. Dicho más claramente, en los salarios. Cuando el sistema requiere más docentes por el diseño curricular —como ocurre en secundaria—, el costo por alumno aumenta significativamente, incluso si la matrícula creciera al mismo ritmo.
El presupuesto educativo en México es uno de los más robustos del gasto público. Para 2025, la función educación alcanzó alrededor de 1.1 billones de pesos, equivalente a 11.6% del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). De este monto, el componente más relevante fue el pago de servicios personales —es decir, salarios—, especialmente a través del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo (FONE), que supera los 521 mil millones de pesos. En otras palabras, más de la mitad del gasto educativo nacional se destina a pagar nómina.
En Tamaulipas, esta presión se agrava por tendencias demográficas. Según reportes recientes, el estado ha registrado reducciones en el número de maestros en educación básica, a pesar de los cambios en la matrícula, lo que refleja un
proceso de ajuste lento frente a la caída o redistribución de alumnos. En otras palabras, el sistema no se adapta con la misma velocidad con la que cambia la población escolar.
A nivel agregado, el estado cuenta con más de 55 mil docentes para poco más de un millón de estudiantes en todos los niveles, lo que refuerza la idea de que estamos frente a una estructura laboral amplia y costosa. El reto no es sólo cuántos maestros hay, sino dónde están y cómo se utilizan.
Desde una perspectiva económica, esto genera tres tensiones principales.
Primero, ineficiencia en la asignación de recursos. Tener una baja relación alumno-maestro en secundaria no necesariamente mejora el aprendizaje si no va acompañada de mejores prácticas pedagógicas. Independientemente del aspecto del incremento en el costo por estudiante.
Segundo, rigidez presupuestal. La nómina educativa es difícil de ajustar en el corto plazo. Los docentes tienen estabilidad laboral, prestaciones y derechos adquiridos, lo que limita la capacidad del Estado para reorganizar el gasto ante cambios demográficos. En pocas palabras, los privilegios económicos de que gozan algunos grupos magisteriales tienen atada de las manos a la Secretaría en cualquier aspecto por mejorar.
Tercero, presión fiscal creciente. Si la matrícula tiende a estabilizarse o incluso a disminuir —como ocurre en varias regiones del país por la baja natalidad—, pero la plantilla docente se mantiene, el gasto por alumno forzosamente seguirá aumentando.
El caso de secundaria es especialmente ilustrativo. La relación de 14 alumnos por docente en Tamaulipas no refleja grupos pequeños en sentido tradicional, sino un
sistema fragmentado por materias. Cada estudiante “consume” horas de múltiples profesores, lo que eleva el costo estructural del nivel educativo.
Esto plantea una pregunta incómoda: ¿es sostenible este modelo en el largo plazo?
La respuesta depende de la capacidad de reforma del sistema educativo. No se trata de reducir maestros indiscriminadamente —lo que tendría efectos negativos—sino de reorganizar la estructura docente, mejorar la distribución geográfica y fortalecer la planeación educativa con base en datos demográficos. En otras palabras, lo que se requiere es más creatividad a la hora del diseño escolar y olvidarse de los viejos esquemas de hace 50 años.
Además, es indispensable revisar el componente no docente y las funciones administrativas, que también inciden en el gasto total. La eficiencia no está sólo en el aula, sino en todo el aparato educativo. El personal asignado a las diversas escuelas de todos los niveles sin la preparación adecuada y a los cuales se les busca acomodo en “lo que haya” con tal de ocuparlos en algo. Eso provoca el incremento en el personal “educativo” y con ello el costo de este rubro en el presupuesto.
En síntesis, México no enfrenta únicamente un problema de cantidad de maestros, sino de alineación entre docentes, alumnos y presupuesto. Tamaulipas muestra que incluso con ratios aparentemente favorables, el sistema puede generar presiones financieras importantes.
El reto, entonces, no es gastar más, sino gastar mejor. Porque en educación, como en toda política pública, la verdadera medida del éxito no es el tamaño del presupuesto, sino su impacto real en el aprendizaje.
P.D. 1. La violencia real o inventada que se está dando en el sector educativo, no tiene otra explicación mas que la falta de vigilancia por parte de las autoridades
escolares. Personal si hay, pero solo pueden estar ciertas horas determinadas en las escuelas, por sus otras ocupaciones, vaya paradoja.
P.D. 2. Por cierto, ¿no les parece a los victorenses una contradicción, que la calle Norberto Treviño Zapata (calle 16), tenga como velocidad máxima 40 km/h y los semáforos estén sincronizados a 50 km/h? Otra de las contradicciones.
Muchas gracias.
farriaga349@gmail.com
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