A patadas voladoras…
Finas, como suelen ser algunas damas cuando andan en montón, vieron pasar al político frente a ellas y no dudaron en piropearlo, así como cuando cualquier hombre recién salido de la cantina anda de conquista, “Geño, Geño, queremos leño”. El susodicho ni se inmutó, era demasiado joven y con tantas ambiciones políticas que le parecían graciosos y nimiedades los jocosos versos compuestos por las lideresas de colonias, casi corre a abrazarlas, a decirles con una carcajada de oreja a oreja, “Esténse quietas, muchachas, aquí anda mi esposa”. El aludido era…
600 total views, 0 views today
Leer Mas






